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Comunidad para la misión.

Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces les dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rueguen, por tanto, al señor de la mies que envíe obreros a su mies. (Mt 9, 36-38)


En nuestros días, la mies es muchisísisisisisima y los obreros poquí…simos (ustedes digan). Todos estamos llamados al servicio de la Obra de Dios, de su Reino, de la Misión de la Iglesia. En este llamado al servicio podemos considerar un abc en el colectivo de dones de una comunidad (familia, grupo apostólico, parroquia, etc.). Cada quien está llamado a reconocer sus dones, ponerlos al servicio y cultivarlos en armonía con el resto de la Comunidad en la que participa.


A veces tenemos dones que no reconocemos. Podemos ser tímidos para ponerlos al servicio, o nos falta el sentido de enriquecerlos, consolidarlos, ampliarlos. Y en el complejo mundo de relaciones comunitarias, encontramos competencia, conflictos, baja estima, que puede atentar contra el flujo servicial de los dones y su armonía, complementariedad y colaboración para dar Gloria a Dios en esa entrega comunitaria.


Un par de servicios que podemos considerar: servicio de la Palabra de Dios y la acción social solidaria. En estos tiempos de pandemia podríamos considerar un par de aspectos, el tecnológico y el relacionado con la salud mental desde la confianza en Dios. La profundización del sentido de Dios que en verdad con nosotros, nos consuela, anima, nos da esperanza y nos ofrece una nueva luz para abrazar la experiencia personal que nos toca.

He sabido de personas que ahora tienen un dominio notables de la tecnología para la comunicación audiovisual que haces unos meses no tenían.


Por otra parte en la acción social, tal vez hemos entrado en campos que nos sentimos inadecuados o hasta intimidados. Poco a poco avanzamos a través de la misma demanda de servicio, la experiencia de otros y ante todo de la manifestación de la voluntad de Dios en el Cristo necesitado que tratamos de atender.


En este camino de gracia encontramos conflictos, bloqueos, desencantos. En el servicio estamos llamados a la perseverancia inspirada. Fluir como el agua en medio de las rocas, en el esfuerzo confiado de que si Dios llama, El provee.


Pero la animación es a perseverar, por amor a esa mies superabundante que reclama los obreros. Por otra parte la confianza en el plan bendito de Dios que nos ha llamado a la familia de la Iglesia, a permanecer en Él por el vínculo del amor fraterno, en la entrega de la vida por sus ovejas, en la acción de su Santo Espíritu.


¿Qué dones tengo Señor?, ¿a qué me llamas?, ¿cómo puedo crecer para servir mejor?

Ayúdame Señor a vivir ante todo, tu llamado al amor que identifica a tus discípulos. Ayúdame apreciar y confiar en los dones y experiencia de mis hermanos. Ayúdanos por tu Espíritu a servir en el esfuerzo de comunión para dar frutos que perduren, juntos dar fruto al máximo…


En especial ayúdanos a no tener miedo a las inspiraciones discretas de tu Santo Espíritu, nada es imposible para Ti.

P. Alexis Zúñiga ST

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